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3. Eugen Relgis ideólogo del pacifismo "eugenista"

Eugen Relgis, pseudónimo de Eugen Sigler, filósofo y activista rumano de una forma personal de pacifismo anarquista, apóstol del humanitarismo y propagandista de la eugenesia, nacido en Iasi, Rumanía, el 2 de mayo de 1895 y afincado desde 1947 en Uruguay, en cuya capital, Montevideo, falleció el 22 de marzo de 1987.
En 1912 publica su primer artículo periodístico y al año siguiente edita su primera obra, "El triunfo del no ser". Estudia arquitectura, filosofía y letras en Bucarest desde 1914 hasta 1916. Al entrar su país en la I Guerra Mundial en 1916, es ocupado por Alemania; Relgis viaja a Constantinopla, islas del Mar de Mármara, Asia Menor y Atenas. En 1920 funda y dirige la revista Humanidad, censurada.

Pacifismo eugenista

Admirador del escritor pacifista indio Rabindranath Tagore y luego amigo de dos famosos escritores europeos que ejercieron de pacifistas desde el exilio suizo durante la I Guerra Mundial: el francés Romain Rolland y el judeo-austríaco Stefan Zweig, pero sobre todo influido por la obra Biología de la guerra (1917) de Georg Fr. Nicolai, trasladó las ideas planteadas en dicho ensayo del terreno biológico al campo social, y así publicó en 1922 en rumano, con prólogo del propio Georg Fr. Nicolai, unos "Principios Humanitaristas" y lanzó el proyecto de una Internacional de los Intelectuales que rompiese con las cadenas del capitalismo pero alejada también de la Tercera Internacional (o Internacional Comunista), a la que se habían acercado Henri Barbusse y el grupo de la «Clarté» (en el que colaboró Blasco Ibáñez).
El propio Eugen Relgis organizó en Bucarest el que llamó Primer Grupo Humanitarista, y en enero de 1923 lanzó un «Llamamiento a los intelectuales y a los trabajadores iluminados», progresivamente traducido al español, francés, alemán, búlgaro, italiano, sueco, húngaro, inglés y esperanto. En la segunda edición española (de Eloy Muñiz, 1932, aunque hay una anterior realizada en Buenos Aires en 1931) que diez años más tarde se hizo de este llamamiento, aparecen como firmantes del mismo: Henri Barbusse, el anarquista francés Manuel Devaldés, Philéas Lebesgue, Stefan Zweig, Pierre Ramus –nombre de batalla del anarquista austríaco Rudolf Grossmann–, el escritor socialista norteamericano Upton Sinclair, Rabindranath Tagore, el médico anarquista brasileño Fabio Luz o el anarquista argentino Campio Carpio, entre otros.
A pesar del trabajo de Relgis (su activismo en la Internacional de Resistentes de la Guerra, su participación en las conferencias pacifistas de Hodeston, Londres, y en la de Sonntagsberg, en Austria, del 27 al 31 de julio de 1928), las revistas Cugetul liber (Libreprensamiento, 1928-1929) y Umanitarrismul (Humanitarismo, 1929-1930) editadas bajo su iniciativa, la relativa acogida que tuvieron sus ideas en algunos países como España y sus viajes por toda Europa intentando consolidar la «Internacional de los Intelectuales», la misma podemos decir que constituyó un fracaso, y el ingenuo idealismo pacifista y humanitarista predicado por Relgis tuvo que asistir a la cruda realidad de la II Guerra Mundial.

Uruguay

Decide Relgis en 1947 emigrar junto a su esposa hacia París, Génova y Venecia, luego hacia Buenos Aires con la colaboración de Alfredo Palacios y del uruguayo Justino Zavala Muniz para instalarse finalmente en Montevideo. A finales de los años cuarenta publicó dos folletos en Toulouse. En ambos ensayos, "Las aberraciones sexuales en la Alemania nazi" y "Humanitarismo y eugenismo" donde realiza una defensa y apología de la eugenesia.

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3.1. Biografía de Eugen Relgis

Ideólogo y activista de cierto pacifismo anarquista, apóstol del humanitarismo y propagandista de la eugenesia, nacido en Iasi, Rumanía, en 1895 y afincado desde 1947 en Uruguay, en cuya capital, Montevideo, falleció el 22 de marzo de 1987. Su verdadero nombre era Eugen Sigler, aunque para sus armoniosos y bondadosos escritos y sus pacíficas batallas se sirvió del pseudónimo formado por la lectura inversa de su apellido.
Admirador del gran escritor pacifista indio Rabindranath Tagore (1861-1941, Premio Nobel de Literatura en 1913) y luego amigo de dos de los más famosos escritores europeos que ejercieron de pacifistas, desde el exilio suizo, durante la primera guerra mundial: el francés Romain Rolland (1866-1944, Premio Nobel de Literatura en 1915) y el judío austríaco Stefan Zweig (Viena 1881-Río de Janeiro 1942), pero sobre todo influido por la obra Biología de la guerra (1917) de Georg Fr. Nicolai, decidió asumir la tarea de trasladar las ideas planteadas por Nicolai en el terreno biológico al campo social, y así publicó en 1922, en rumano, con prólogo del propio Nicolai, unos Principios Humanitaristas y lanzó el proyecto de una Internacional de los Intelectuales, que pudiese romper con las cadenas del capitalismo pero, por supuesto, bien alejada también de la Tercera Internacional, de la Internacional Comunista, a la que se habían acercado Henri Barbusse y el grupo de la «Clarté» (en el que colaboró Blasco Ibáñez).
El propio Eugenio Relgis organizó en Bucarest el que llamó Primer grupo humanitarista, y en enero de 1923 lanzó un «Llamamiento a los intelectuales y a los trabajadores iluminados» (es obvio que no había voluntad de disimular las resonancias masónicas de tal rótulo; como tampoco evitaría el traductor español, Eloy Muñiz, referirse en su prólogo al «Hermano Relgis»). En la edición española que diez años más tarde se hizo de este llamamiento, aparecen como firmantes del mismo varios nombres sonoros: Henri Barbusse, el anarquista francés Manuel Devaldés, Philéas Lebesgue, Stefan Zweig, Pierre Ramus –nombre de batalla del anarquista austríaco Rudolf Grossmann–, el escritor socialista norteamericano Upton Sinclair, Rabindranath Tagore, el médico anarquista brasileño Fabio Luz o el anarquista argentino Campio Carpio.
Pero a pesar del voluntarismo derrochado por Relgis, el activismo en la Internacional de Resistentes de la Guerra, su participación en las conferencias pacifistas de Hodeston (Londres) y en la de Sonntagsberg (Austria) del 27 al 31 de julio de 1928, las revistas Cugetul liber (Libreprensamiento, 1928-1929) y Umanitarrismul (Humanitarismo, 1929-1930), la relativa acogida que tuvieron sus ideas en la España de la República, difundidas al menos en varios folletos, y los viajes por toda Europa intentando consolidar la «Internacional de los Intelectuales», el ingenuo idealismo pacifista y humanitarista predicado por Relgis tuvo que asistir fracasado a la cruda realidad de la segunda guerra mundial.
Terminada la guerra decidió Relgis cambiar de continente, y en 1947 se asentó en Montevideo, donde tendría la suerte de poder vivir todavía cuarenta años. A finales de los años cuarenta publicó dos folletos en Toulouse, dentro de la colección El mundo al día, de las libertarias Ediciones Universo. [Medio siglo después, en julio de 2001, la Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, de Madrid, ligada a la CNT, vende ejemplares originales de estos folletos al económico precio de 300 pesetas, menos de dos euros.] En Las aberraciones sexuales en la Alemania nazi y en Humanitarismo y eugenismo puede sorprender descubrir en un anarquista humanitarista y pacifista una decidida defensa y apología explícita de la eugenesia, entendida como higiene de la especie humana que aparte de la vida pública a degenerados, locos, invertidos físicos e intelectuales:
«Millones de tales sub-hombres deben ser realmente reeducados como si se tratase de débiles mentales. Y si son incurables, deben ser esterilizados, pero teniendo en cuenta todas las reglas de una ciencia honrada y prudente. La operación debería ser hecha en cada país por los mejores y más lúcidos especialistas. En Alemania, la operación de la esterilización debería ser efectuada por los alemanes que, por su resistencia al frenesí del Mal, han probado –en su propio país y en el exilio– que existe todavía una esperanza de redención, incluso si los culpables se han hundido todos en el abismo de su abyección, arrastrando con ellos a numerosas víctimas inocentes.» (Las aberraciones sexuales en la Alemania nazi, 1949, página 38.)
«El argumento económico en favor de la esterilización no es menos decisivo. Es evidente que la manutención, por la colectividad, de una parte de los degenerados se traduce por un aumento en trabajo y en alimentos sobre la población normal. En Inglaterra, la educación de un niño anormal cuesta anualmente treinta libras esterlinas, y la de un niño sano, solamente doce libras. Después que han sido educados, estos anormales tienen la libertad de reproducirse: son prolíficos y transmiten su degeneración.» (Humanitarismo y Eugenismo, 1950, página 15.)
«Sería preciso también hacer legal el aborto selectivo, en cuya consecuencia se fundarían clínicas en las que el aborto necesario y voluntario sería practicado por especialistas autorizados, según principios puestos al servicio de la purificación y de la curación de la raza humana.» (Humanitarismo y Eugenismo, 1950, página 19.)
En Uruguay fue bien acogido y desplegó no poca actividad: en 1955, con ocasión de cumplir los sesenta años, incluso se constituyó un «Comité Nacional de Adhesión a la Candidatura de Eugen Relgis al Premio Nobel de la Paz», que como es sabido no logró que Relgis tuviera que viajar a Suecia. En Montevideo mantuvo buena relación con el anarquista español Abraham Guillen (1913-1994) y también con el anarquista y profesor de filosofía brasileño José Oiticica (1882-1957). Durante los últimos años de su vida se mantuvo gracias a la «pensión graciable» que le tenía concedida el Senado y la Cámara de Representantes de la República Oriental del Uruguay: por ejemplo, por ley 15.796 del 27 de diciembre de 1985, el poder legislativo uruguayo decretó que se «incrementase la pensión graciable servida a Juan Ilaria, Julio Verdie y Eugen Relgis a la suma de N$ 20.000.00 (veinte mil nuevos pesos) mensuales.»
El Instituto Internacional de Historia Social de Amsterdam conserva parte del archivo de Eugen Relgis, documentos sobre todo del periodo 1927-1972: correspondencia procedente de varios países, principalmente de Italia, como las de Gaspare Mancuso 1962-1972 y algunas cartas de Georg F. Nicolai 1929-1969; notas autobiográficas; bibliografía de sus trabajos en rumano, español, francés, alemán e italiano 1913-1968; textos mecanografiados (en parte inéditos) y pruebas de imprenta (p.e. sobre Romain Rolland) 1950, 1959, 1964, 1966-1969; pruebas del libro de Upton Sinclair, 'Personal Jesus' 1952; documentos y cartas sobre Henri-Léon Follin ca. 1935-1951; cartas acerca de su libro sobre Georg Nicolai ca. 1948-1952, 1964-1969; cartas de Pavel Dascalescu sobre 'Les voies qui mènent à la démolition des barrières entre les nations' 1947; poemas, folletos, 'Quaderni degli amici di Eugen Relgis' 1964-1968; recortes de prensa sobre E. Relgis y sus publicaciones ca. 1948-1967, 1978, Pierre Ramus 1956, 1966-1967, Edmondo Marcucci y Han Ryner 1912, 1927-1938. Otros documentos de Eugen Relgis se conservan en Jerusalén, en la Biblioteca de la Universidad Nacional Judía.
Los principios humanitaristas de Relgis merecen ser leídos, no sólo como un ejemplo de inocente e inocua ingenuidad filosófica y política, sino como uno de los antecedentes de tantas iniciativas similares que son promovidas de vez en cuando, en la forma de partidos humanistas, manifiestos humanistas, &c. También como ejemplo de muchas propuestas sociales, éticas y morales, hace pocas décadas defendidas con ardor y hoy arrinconadas, al menos en lo que respecta a su defensa explícita, bajo la presión de lo políticamente correcto.

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3.2. Antimilitarismo y eugenesia

“¡En nombre de la humanidad, los hombres tendrían que dejarse exterminar por monstruos con rostro humano!”Eugen Relgis 1950

Eugen Relgis (1895-1987) fue un anarquista rumano y es considerado uno de los más importantes abanderados de la corriente pacifista que recorrió Europa después de la segunda guerra mundial. Escribió varios manuales que tienen amplia difusión en los que expone sus ideas. En 1950 publica “Humanitarismo y eugenesia” donde defiende la eugenesia como un acto de progreso de la humanidad.
Desde una visión puramente materialista del hombre y la sociedad, parte de la hipótesis de que “los dos ejes que sostienen la existencia terrestre son el hambre y la procreación, el vientre y el sexo”. Eugen argumenta que el eugenismo es un humanismo y que la causa principal de todas las guerras es la superpoblación. Por ello, trabajar por la esterilización y el control de los pobres es luchar por la paz futura. Sus tesis principales son:

1. Esterilización de cuantos manifiesten caracteres patológicos o sufran enfermedades incurables.

“Cuando una especie animal comienza a degenerar, hállase condenada a desaparecer. En la especie humana, la perpetuación de los degenerados se ha hecho posible por la ciencia médica y por la doble moral social, que protege a los débiles y sostiene a los estropeados e incluso a los “tarados” incurables. Así, el tipo humano inferior se reproduce y su multiplicación es una causa de degeneración de la especie humana. `La selección natural, atemperada por el hombre, es por tanto disgénica´”.
“No podemos exterminar a los degenerados que viven entre nosotros. Pero, podríamos evitar el nacimiento de otros degenerados. En lugar de la selección natural, el hombre puede practicar la selección racional, empleando los medios propios para prevenir la transmisión de la herencia mórbida”.

2. Evitar los pobres como medida de progreso de la humanidad.

“La raza de los pobres es inferior a los hombres normales desde todos los puntos: no solamente la talla, la capacidad craneana, la fuerza física y la resistencia a la fatiga son reducidas en ella; no sólo el crecimiento de sus hijos es lento; no sólo sufre anomalías fisiológicas, sino tiene una sensibilidad más reducida y sus caracteres psicológicos aproximan su mentalidad a la del niño y a la del primitivo”.

3. La mujer como pieza clave de la “nueva humanidad”.

“Si la mujer del pueblo poseyese los conocimientos sexuales de una mujer del `gran mundo´, si dispusiera, sobre todo, de los medios discretos de evitar la concepción no deseada o el nacimiento que pone a veces en peligro la vida de una madre y es fatal con frecuencia para el hijo, entonces la mujer del pueblo sería un elemento activo en la regeneración de la especie”.
“Las mujeres deben adquirir conciencia de su gran misión: el mejoramiento de la especie humana por medio de una educación sexual integral, dispensado a ellas mismas, así como a los hombres y a los niños”.

4. La Iglesia al fomentar la caridad se convierte en el principal enemigo del progreso humano.

“Las herejías más importantes que se oponen a estas reformas son contenidas en los dogmas religiosos y ultranacionalistas. La Iglesia –sea cual fuere: cristiana, judaica, islámica – abusa del mandamiento bíblico: “Creced y multiplicaros”. Es mandamiento absoluto también en la India famélica, en la China opiómana y en el Japón imperialista”.
“La maternidad consciente exige del hombre un espíritu libre de los dogmas y de las supersticiones, y un corazón grande en el que debe de dominar el respeto ajeno, que es la forma más elevada de la justicia y la piedad, que es la forma más elevada del amor”.

5. La guerra es consecuencia de la “superglobalización”.

“La presión de la población en todos los países entraña, como principal consecuencia histórica, emigraciones e invasiones, no sólo con miras a un establecimiento pacífico, sino también, para la conquista, para el sometimiento y la explotación de los pueblos más débiles. Los conflictos internacionales encuentran siempre en ello su causa principal” Informe del comité nacional de la tasa de la natalidad 1916.
“La reglamentación de la población – de la procreación – es la manera más eficaz de asegurar el cese de la guerra” Adelyne More.
“… la limitación de los nacimientos debe ser mundial, pues el planeta hállase sometido hoy a leyes unitarias. Si por ejemplo, Europa practica el eugenismo, quedará expuesto al peligro de una invasión del Asia prolífica, pese a toda su superioridad en materia de técnica. En efecto, de igual modo que la limitación de los armamentos, la limitación de los nacimientos no será eficaz más que en el cuadro planetario”.

6. La educación sexual constituye el medio para conseguir la “maternidad consciente”.

“Esos saboteadores de la vida deben ser considerados y tratados como malhechores por los humanos acrisolados, que sientan en sí mismos el sufrimiento de todos los pobres seres así engendrados”.
“La revolución sexual consiste simplemente en la aplicación de los principios eugenésicos y en el reconocimiento de la ley de población del maltusianismo”.
“Llegará un tiempo en que los hijos pedirán cuentas a los padres del crimen de haberles hecho nacer para el infortunio. La educación sexual integral hácese más fácil cada día y será obligatoria para cada cual, en la medida que lo es hoy el conocimiento del abecedario”.

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3.3. La superpoblación y la guerra

Eugen Relgis

También la guerra es disgénica. Los que afirman hoy que la guerra es una forma de selección de la raza, proclaman con cinismo una necedad criminal. Por el contrario, «aquel cuyo deseo es el mejorar la raza humana, es un pacifista necesariamente». No insistiremos aquí sobre esta cuestión, desarrollada en otras obras nuestras y dilucidada de una manera definitiva en la Biología de la Guerra del profesor Jorge Fr. Nicolai. En un folleto titulado La causa biológica y la prevención de la guerra, Manuel Devaldés ha expuesto también el problema del «pacifismo científico», partiendo de la idea, paradójica en apariencia, de que la guerra de 1914-1918 fue un efecto directo de la superpoblación europea.

Como neomalthusiano à outrance, Devaldés se consagra al problema esencial de la superpoblación, aunque la guerra moderna tenga también causas especificas, puestas en evidencia por el antagonismo económico y político de los diversos imperialismos. Difícil es disimular que los «ideales patrióticos y las cruzadas, por el Derecho y la Civilización» son puros pretextos... {(1) Asimismo, las contraseñas de los fascistas y nazistas: espacio vital, raza elegida, pura, superior, &c. E. R.} Mediante una lógica llevada al extremo, los malthusianos podrían llegar a probar que los antagonismos económicos y políticos son también efectos de la superpoblación. [22] Devaldés examina, según Malthus y otros autores, el carácter de este último fenómeno, mostrando las relaciones de concurrencia existentes entre países agrícolas y países industriales; los países industriales tienen un exceso de población que no puede sustentarse más que forzando a los países agrícolas a suministrarles víveres a cambio de productos manufacturados. Por otra parte, la lucha entre países industriales mantiene el odio entre los pueblos que buscan mercados privilegiados. La posesión de colonias por tal o cual nación mantiene las envidias internacionales que preparan las guerras futuras.
En Inglaterra, donde el malthusianismo ha influenciado de una manera más evidente la mentalidad de una élite, la National Birth-Rate Comission (Comité Nacional de la Tasa de la Natalidad) ha reconocido, en su informe de 1916, que «la presión de la población en todos los países entraña, como principal consecuencia histórica, emigraciones e invasiones, no sólo con miras a un establecimiento pacífico, sino también, para la conquista, para el sometimiento y la explotación de los pueblos más débiles. Los conflictos internacionales encuentran siempre en ello su causa principal». En otros tiempos esas emigraciones (invasiones de los bárbaros) se efectuaban sin el menor escrúpulo por lo que respeta a los países a cuya costa se hacían; hoy en días, se llevan a cabo con más hipocresía, so pretexto de convenciones y de protectorados. Y Devaldés saca la conclusión siguiente: «En el porvenir, cuando esta concepción de las causas de la guerra sea compartida por un número mayor y siempre creciente de personas, será a la superpoblación de los países beligerantes a la que se achacará su responsabilidad de guerra» {(2) Lo que se ha comprobado, con una exactitud incontestable, en la segunda guerra mundial, de 1939-1945. Los tres Estados «agresores»: Alemania, Italia y Japón son al mismo tiempo, tres focos de la superpoblación. E. R.}.
La naturaleza opone a la superpoblación un «freno represivo»: la guerra, u otros medios, para hacer desaparecer a los seres en número excesivo: el hambre o, más bien, la subnutrición y las epidemias, por ejemplo. Mas el hombre, al menos en su tipo superior, ha llegado a adquirir una capacidad de autodefensa que le lleva a juzgar de una nueva manera a los fenómenos naturales. No los considera ya como absolutos, como inevitables. La superpoblación es un fenómeno natural, es decir, biológico, pero mantenido por supersticiones colectivas; empero, el hombre puede evitarlo haciendo uso de su razón. [23] He demostrado que la ciencia le proporciona bastantes medios para limitar los nacimientos sin atrofiar el instinto genésico. Evidentemente, el Estado –cada Estado que se halla fundado sobre el imperialismo político económico– se opone a la selección voluntaria por esterilización o limitación de los nacimientos: tiene necesidad de carne de cañón. Lo mismo que la Iglesia, el Estado suministra al militarismo sus instrumentos de opresión y de persuasión. Los patriotas se sienten también obligados a procrear ad majorem gloriam Patriae... «Multiplicaos», gritan a coro las gentes de la casta eclesiástica y de la casta militar. El, efecto es, además, doblemente execrable: primero, por el mantenimiento de la superpoblación y de todas sus miserias; segundo, por la siega que hace finalmente la guerra de los hombres más sanos y más aptos para regenerar la raza, quedando, por el contrario, los degenerados y los impotentes.
He ahí por qué es lógica la paradoja de Devaldés. Cita numerosas opiniones de economistas y de sabios, que todos llegan a esta conclusión : «La reglamentación de la población –de la procreación– es la manera más eficaz de asegurar el cese de la guerra» (Adelyne More). Pero, añade nuestro autor, la limitación de los nacimientos debe ser mundial, pues el planeta hállase sometido hoy a leyes unitarias. Si, por ejemplo, Europa practica el eugenismo, quedará expuesta al peligro de una invasión del Asia prolífica, pese a toda su superioridad en materia de técnica.
En efecto, de igual modo que la limitación de los armamentos, la limitación de los nacimientos no será eficaz más que en el cuadro planetario. La única organización mundial, capaz de reunir informaciones estadísticas para tomar después las medidas necesarias para una reglamentación de los nacimientos, sería semejante a la Oficina Internacional del Trabajo, creada por la Sociedad de las Naciones, en Ginebra. Pero esta organización es ante todo obra de los Estados que han preparado y acarreado la guerra de 1914-1918 {(1) Después la segunda guerra mundial de 1939-1945, la «nueva» Sociedad de las Naciones se llama: Organización de las Naciones Unidas.}. Sin embargo, la idea eugenista, armoniosamente asociada al malthusianismo, se abre camino, quizá a pasos aun imperceptibles, pero teniendo ante sí la perspectiva de imponerse, tarde o temprano, a una verdadera federación de los pueblos, puesta realmente al servicio de la humanidad. [24]

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